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CAÍDA DEL MARSUPIO: EL RESCATE de una zarigüeya


El 04 de junio del 2020 un amigo me alertó sobre una bebé zarigüeya caída del marsupio que necesitaba cuidados pues se encontraba muy frágil; fue así como aquella tarde al recibirla entre una cajita de cartón me conmoví de inmediato al verla tan pequeña y vulnerable. Entonces, bajo la complicidad de mi familia decidí brindarle un hogar provisional y todo el amor posible.

El primer día con ella fue complicado pues no quería recibir leche y aunque la metí entre la caja junto con papel periódico y un gorro de lana, la zarigüeya lloraba bastante ya que sentía frío. Prácticamente pasé la noche en vela, pues además de calentarla con mi calor corporal necesitaba protegerla de mi gata Marttina. A la mañana siguiente la pequeña runchita me sorprendió al lamer por sí sola del gotero y verse de mejor aspecto. Esa noche decidí meter la caja en un espacio vacío de mi armario y posteriormente calenté unas botellas de agua para ponerlas debajo y simular el calor del marsupio; afortunadamente el truco funcionó y la zarigüeya durmió profunda, mientras que yo debía levantarme dos o tres veces en la noche para calentar de nuevo el agua y si estaba inquieta tibiarle un poco de leche. 

Al tercer día pensé en ponerle un nombre y lo primero que se me vino a la cabeza fue el tarro de galletas, entonces la llamé Biscolata. Quizá se pregunten cómo hice para saber si era hembra o macho, pues bien lo más lógico es verle los genitales pero como estos son tan diminutos a su edad lo que me indicó su sexo fue verle el marsupio (bolsa que llevan algunos animales en su abdomen y en la cual cargan a sus crías) porque contrario a lo que muchos piensan, las zarigüeyas no son familiares de los ratones, es decir no son roedores, son marsupiales y de los pocos que tenemos en nuestro continente. 

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Seguía alimentándola con leche y le ponía trozos de fruta para que fuera acostumbrándose a otros sabores. Sin embargo, debido a mi poco conocimiento sobre los runchos decidí informarme y busqué investigaciones sobre este animalito. Descubrí que era necesario estimularla con un algodón para que pudiera orinar y defecar ya que la leche, que no era precisamente de zarigüeya, le podría ser difícil de digerir.   

También me guié por un cuadro de características físicas para determinar su edad, así como los cuidados que debía tener para evitar indigestión, deshidratación e incluso atrofia muscular. Por ende, la alimentaba de a pocos cada 2 o 3 horas, le daba agua constantemente y en las tardes cuando el sol comenzaba a ocultarse la sacaba a andar en el pasto y en algunos arbustos para que además de hacer actividad física, fuera conociendo su futuro hogar.

Como muchos sabrán tengo 5 perros y 2 gatas que, por supuesto, sintieron curiosidad por conocer a Bisco. Ohana y Dulce Pastora fueron las primeras en acercarse a olerla y se convirtieron en las cuidadoras más comprometidas. Por el contrario Pingüi, Maya y Rufus sentían nervios al verla por lo que preferían guardar distancia, y logicamente Minina y Marttina, las gatas, se saboreaban al verla. Oha se acostaba todas las mañanas frente al armario y le gruñía a los que se acercaban al lugar, la veía tomar leche y a veces hasta se quedaba durante un buen tiempo viéndola dormir.

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Pero si vamos a hablar de dormir tengo que resaltar que durante esas primeras semanas yo no pude descansar en lo absoluto. A pesar de que Biscolata dormía durante muchas horas, cada día era más activa y muchas veces pasó madrugadas andando por la caja y buscando la manera de salir. Fue entonces cuando decidí establecer un horario; a mi casa suelen llegar zarigüeyas grandes alrededor de las 8 PM, por consiguiente, empecé a sacar a Bisco de 7:30 a 9:30 o 10 de la noche para que andara y liberara toda la energía concentrada.

También la llevé al vivero para que trepara en algunos árboles y le cambié la caja por una cesta más amplia en la cual le metí palitos para que tuviera en donde subirse a jugar. También introduje cortezas de árboles, hojas y tubos de cartón y la sacaba en las mañanas para que sintiera el calor del sol. Sin embargo, me inquietaba mucho verla tan delgadita y mi miedo aumentó cuando de un momento a otro no quiso recibir más de comer así que eliminé la leche de su dieta ya que al parecer le había caído pesada. Afortunadamente Biscolata volvió a comer, esta vez manzana, papaya, mango maduro e incluso migajas de pan remojadas con agua, aunque claro, todo se lo daba en papillas debido a que estaba tan pequeña que ni dientes tenía.

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Así han ido transcurriendo los días, Biscolata cada día crece más y ha ido ganando algo de peso al igual que confianza. Le encanta arruncharse en mi cuello, bañarse y dormir en su gorrito de lana. Por otra parte, a pesar de que llegué a creer que a mi familia le daría miedo o algún tipo de repulsión la presencia de Biscolata, cada uno de ellos la ama e incluso me ayudan a cuidarla; siempre están pendientes de “Runchis” y al igual que yo se han encariñado un montón. 

Por el momento, les compartiré mi experiencia cuidándola durante esta primera etapa, pero no se inquieten… pronto seguiré contándoles todas las aventuras que ha vivido la pequeña Bisco y todo lo que he aprendido con ella. Mientras tanto les dejo un video en el cual podrán ver cómo ha sido el proceso de la pequeña Biscolata.


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2 comentarios en “CAÍDA DEL MARSUPIO: EL RESCATE de una zarigüeya”

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