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EL RESCATE DE UNA CRÍA DE BOA


Cuando vives en el campo es normal que a tu casa lleguen visitantes inesperados tales como arañas, sapos, lagartijas, zarigüeyas e incluso serpientes. En mi hogar yo soy la encargada de reubicar a estos animales en sus hábitats con el fin de evitar incidentes.

La captura y el traslado dependerá siempre del tipo de animal al que queramos ayudar, pues no es lo mismo atrapar una tarántula que una lagartija ya que algunas especies son más dóciles que otras e incluso pueden llegar a ser perjudiciales si contienen glándulas venenosas o métodos de defensa que representen peligro.

En mi caso, ya me he ido acostumbrando a reubicar ranas plataneras, zarigüeyas, geckos, entre otras especies de fauna. Sin embargo, agarrar una serpiente es algo que nunca llegué a imaginar pues aunque trato de controlar mis nervios y suelo ser muy arriesgada, la idea de tener una boa entre mis manos es algo difícil de asimilar.

No obstante, siempre hay una primera vez y el día por fin llegó. Una mañana mi tía me llamó para avisarme que una serpiente había aparecido en la canaleta de la casa y necesitaba ayuda para sacarla de allí. Al comienzo llegué a creer que sería una cazadora, ya que es la más común en esta zona, pero una vez llegué al lugar me di cuenta que se trataba de una serpiente totalmente diferente.

Los patrones de sus escamas reflejaban ser una constrictora, es decir, una serpiente de la especie de Nagini (Puedes leer su historia aquí: Boa Constrictor )

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De inmediato me comuniqué con mis amigos herpetólogos para pedir ayuda. Tenía claro que las boas no son venenosas pero también sabía que tienen bastante fuerza debido a que matan a sus presas por medio de la constricción (asfixia). Adicional a esto, los biólogos me recomendaron tomarla rápidamente por la cabeza, pues aunque no tienen veneno, si tienen colmillos y una mandíbula capaz de causarte mucho dolor con un solo mordisco. Estaba frente a una cría de boa imperator y debía actuar rápido para evitar que la situación se complicara más.

La boa empezó a deslizarse hacia una de las columnas y supe que ese era el momento indicado para agarrarla. El espacio era muy reducido así que la mejor manera sería introducir mis manos y sujetarla. Las piernas comenzaron a temblarme y el sudor en la frente no se hizo esperar, pues para ser sincera estaba llena de miedo; no obstante, sabía que era la única opción pues no podía dejar a la serpiente en ese lugar.

Seguí las indicaciones de los herpetólogos, la agarré por la cabeza y de a pocos fui extrayendo su cuerpo. Luego traté de mantenerla tranquila mientras decidía en dónde liberarla. Era impresionante sentir sus escamas y el calor de su cuerpo pues aunque ellas son de sangre fría, la boa había salido a tomar un baño de sol. Era agradable tenerla entre mis manos, la sentía tan vulnerable que incluso llegó a producirme ternura; ella trataba de enrollarse sin hacer fuerza y por momentos sacaba su lengua. Me sentí dichosa de poder experimentar algo así y pude constatar que son seres extraordinarios y la mayoría del tiempo asesinados por miedo e ignorancia.

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Cuando pasaron los nervios nos dirigimos hacia la hacienda y allí la liberamos. Creímos que sería lo mejor para ella puesto que el terreno es boscoso, bastante grande y la presencia humana es casi nula. Al comienzo la boa se deslizó para emprender su marcha; sin embargo, al instante dió la vuelta y se quedó sobre una roca observándome. Por un momento sentí que estaba a punto de hablar, su mirada dejó de ser intimidante y se convirtió en una mirada que, aunque suene muy raro, me transmitía paz. Luego, traté de conducirla con una rama hacia el interior del potrero para que no corrieramos el riesgo de que saliera de nuevo hacia el camino y alguien más pudiera encontrarla. Poco a poco la fui perdiendo de vista y una vez desapareció entre las rocas me alejé, pues la tarea había culminado y sabía que estaría a salvo.

Volví a casa dichosa celebrando que había ayudado a una boa, y sobre todo llena de felicidad al ver que a pesar de las creencias y la forma en la que nos educaron, nunca es tarde para mejorar y aprender. Definitivamente, amo vivir en el campo y ser testigo de la vida, de la naturaleza y todas las maravillas que esconde en sus montañas.

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