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Rufus: la historia de un rescate.


Transcurría el 2011 y mi vida consistía en hacer trabajos del colegio, salir con mis amigos y lógicamente, tomar fotos. Todo era un constante ir y venir entre afanes y deberes cuando de repente en la carretera apareció un cachorrito.

No tenía más de dos meses, estaba extremadamente delgado y sus patas sangraban; adicionalmente, su cuerpo estaba repleto de pulgas y garrapatas, y sus fuerzas escaseaban al punto de casi no poder sostenerse en pie. Era evidente que había caminado trayectos largos sobre el asfalto hirviente, y se encontraba deshidratado debido al inclemente sol.

Uno de mis primos se percató de lo sucedido y quiso ayudarlo, razón por la cual corrió a mi casa para avisarle a mi tía. Por supuesto, ella dejó todos sus quehaceres y se apresuró a auxiliar al cachorro.

Lo primero que hizo fue bañarlo para quitarle todos los bichitos que llevaba encima y posteriormente le dió un poco de sopa. Aun así, el perrito seguía muy enfermo, tenía parásitos y los cojines de sus patitas se habían quemado.

El cachorrito desde ese momento tuvo que usar zapatones debido a que nunca le salió la última capa de sus cojines y el contacto con el suelo lo hacía sangrar, pudiendo causarle una infección. 

Su pelito se caía todo el tiempo y tuvimos que embadurnarlo en cremas para recuperar su pelaje; también tuvimos que levantarnos a media noche porque no paraba de llorar; no quería estar solo y era un tanto miedoso. 

Como en casa teníamos dos perros más, tuvimos que dar en adopción al cachorro. Le conseguí hogar donde una amiga y allí estuvo alrededor de una semana pues días después lo devolvieron ¿quieren saber cuál fue la razón? el cachorrito tenía la costumbre de subirse en las piernas de las personas… ya saben para qué; a la dueña no le gustó, consideró que era un perro maleducado y me lo devolvió.

Regresamos a casa y desde ese día empezó a tener nombre. Mi primo Felipe, su rescatista, decidió llamarlo Rufus, ¿por qué? aún no lo sé ¿tal vez por Kim Possible? supongo. En todo caso, así lo bautizamos, claro que siempre lo llamamos de mil maneras: Rufus, Rufi, Rufián, Fonefo, Palomo o Polar.

Rufus se convirtió en un perrito muy decente que acompañaba a mi tía a la finca, cargaba el canasto y recogía piedras por el camino. Así fue como un día su cama terminó llena de piedritas y hasta pedazos de ladrillo. Le compramos pelotas… pero él insistía en seguir jugando con rocas, costumbre que aún conserva.

Rufi además se para en sus dos patitas y mueve sus manos para pedir comida, es muy consentido, obediente y pacífico. Rufi siempre quiere que le consientas las orejas y que le lances piedritas para él buscarlas. En casa es la adoración, es el perrito que todos quieren y al que todos, sin excepción alguna, le guardan un bocadito de comida. 

Hoy en día tiene 8 años y medio, se encuentra algo malito de salud debido a que contrajo la fiebre de la garrapata desde que nació y esta le dejó secuelas. Sin embargo, mi familia le brinda todas las comodidades posibles, asiste a sus controles veterinarios y recibe sus medicamentos para controlar su enfermedad.

Quiero aclarar que esto no le impide para nada ser un perrito feliz y ser el primero en salir corriendo a recibirnos cuando llegamos a casa, pues ante todo, Rufi es un perrito muy alegre y quizá el cachorro más noble que hemos tenido en casa.

Rufus nunca pudo recuperarse de sus patas debido a que el tejido de sus patas se quemó y motivo por el cual es un perro de cojines rosados. Por esta razón, evitemos sacarlos a pasear cuando esté haciendo mucho calor, pues el asfalto caliente no le permitirá a nuestros perros disfrutar el paseo, y por el contrario, les generará mucho dolor.

Por último, los invito a ayudar a los callejeritos; podemos dejarles agua fresca y comida en la entrada de nuestra casa, y ¿por qué no? darles un hogar, pues «el perro es el único ser en la tierra que te ama más a ti que lo que se ama a sí mismo» (Josh Billings).

2 comentarios en “Rufus: la historia de un rescate.”

  1. Rufitos es el mejor cachorro del planeta…. siempre nos recibe en sus dos patitas para demostrarnos su alegria de vernos.
    Rufus me derrite de amor! te quiero cachorro.

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